
ANOKA, MN.
Hace unos años, la decisión de Anoka de permitir el consumo de bebidas alcohólicas en espacios públicos dentro de una zona delimitada generó controversia. Para algunos, la medida podía convertirse en una invitación al desorden. Para otros, era una nueva herramienta para revitalizar el centro de la ciudad. Hoy, el modelo parece haber demostrado que puede funcionar.
Después de varios programas piloto, Anoka convirtió su Social District en un programa permanente durante todo el año, de 10 a.m. a 10 p.m. Las bebidas deben ser compradas en establecimientos participantes, servidas en vasos especiales y consumidas dentro del área autorizada. No se permite llevar alcohol desde casa.
Recientemente tuve la oportunidad de experimentar el distrito personalmente.
Era domingo, alrededor de las 11 de la mañana. Algunos familiares adultos mayores conocían el centro de Anoka por sus tiendas de antigüedades y comercios especializados. Ese día, además, había una exhibición de autos clásicos. Compramos una cerveza y comenzamos a caminar.
La experiencia rápidamente dejó de ser simplemente ir a tomar algo. En el camino encontramos otra actividad en un restaurante, entramos, disfrutamos un momento y posteriormente terminamos en otro establecimiento donde había música y personas bailando swing. Después salimos nuevamente.
La mañana apenas comenzaba, así que caminamos hacia otro bar. Más tarde, con una cerveza en mano, encontramos una pequeña mesa afuera de una boutique. Nos sentamos, conversamos y simplemente observamos la actividad del centro: personas caminando, autos pasando, visitantes entrando y saliendo de los negocios.
Y ahí entendí mejor el potencial de la norma.
La bebida se convirtió en una razón para ambular y conocer otros negocios. En lugar de permanecer dentro de un solo restaurante o bar, la gente se mueve entre establecimientos y descubre otros negocios. Una visita puede comenzar en un restaurante, continuar en una tienda de antigüedades, terminar en otro establecimiento y extenderse durante varias horas.
Ese movimiento tiene un valor económico. Comercios que normalmente no venden alcohol también pueden beneficiarse porque reciben más personas caminando frente a sus puertas y entrando a sus establecimientos. Restaurantes y bares pueden atender a más clientes sin depender exclusivamente del espacio disponible en sus mesas. Y el centro completo comienza a funcionar como un destino, no simplemente como una colección de negocios independientes.
El programa también parece haber ayudado a cambiar la percepción de algunos comerciantes y visitantes que inicialmente eran escépticos. Después de los pilotos, Anoka decidió mantenerlo durante todo el año, una señal de que la experiencia fue suficientemente positiva para justificar su continuidad.
Ahora otras ciudades están mirando el modelo.
Chaska recientemente comenzó a explorar una fórmula similar, aunque por ahora enfocada en determinados eventos especiales y con límites geográficos establecidos. Shakopee también cuenta ya con un Social District.
Y tiene sentido que otras ciudades de Minnesota observen los resultados.
Comunidades como Eagan, Maple Grove, White Bear Lake, Stillwater, Hopkins, Edina y otras con centros comerciales o históricos podrían encontrar en una medida de este tipo una herramienta adicional para generar actividad, atraer visitantes y mantener a las personas más tiempo en sus distritos.
Claro que no se trata simplemente de permitir beber en la calle. Se necesitan límites claros, horarios, supervisión y reglas estrictas. Anoka, por ejemplo, termina su programa a las 10 de la noche y establece controles sobre los recipientes y las áreas donde pueden consumirse las bebidas.
Pero después de experimentar personalmente el distrito, mi conclusión es sencilla:
El verdadero beneficio no está en la bebida; está en todo lo que sucede alrededor de ella.
Más personas caminando significa más oportunidades para los negocios. Más tiempo en el centro puede significar más compras, más consumo local y, eventualmente, mayores ingresos para la comunidad.
Y quizá esa sea la razón por la que otras ciudades de Minnesota están comenzando a mirar hacia Anoka.














