
SAINT PAUL, MN
La controversia sobre las cámaras de vigilancia Flock Safety continúa creciendo en Minnesota, donde varias comunidades han comenzado a cuestionar no solamente la utilidad de esta tecnología para combatir el crimen, sino también quién puede acceder a la información recopilada y con qué propósito.
En Saint Paul, el debate tomó un nuevo rumbo después de que la alcaldesa Kaohly Her y el jefe de policía Axel Henryanunciaran que la ciudad retirará las dos cámaras Flock de propiedad municipal, mientras solicitan a la Legislatura de Minnesota establecer reglas estatales que definan un equilibrio entre la seguridad pública y la protección de la privacidad.
Las cámaras Flock utilizan tecnología de reconocimiento automatizado de placas para registrar vehículos que circulan frente a ellas. El sistema puede identificar características de los vehículos y permitir que los investigadores busquen información relacionada con investigaciones criminales. Para las agencias policiales, representan una herramienta adicional para investigar robos, vehículos robados, personas desaparecidas y otros delitos.
Sin embargo, el alcance de las redes Flock ha generado preocupación porque los datos pueden estar disponibles para otras agencias policiales y jurisdicciones. Esta preocupación adquirió mayor relevancia durante Operation Metro Surge, cuando comunidades y organizaciones cuestionaron el acceso que otras autoridades podrían tener a información recopilada localmente.
En su declaración conjunta, la alcaldesa Her y el jefe Henry reconocieron que la ciudad ha mantenido conversaciones sobre el tema durante los últimos meses y señalaron que comprenden y comparten las inquietudes expresadas por residentes sobre el acceso de otras jurisdicciones a los datos durante la operación federal.
La declaración señala que Saint Paul también reunió recientemente a sus socios de las fuerzas del orden de todo el condado de Ramsey para analizar cómo proteger mejor a los residentes.
“Estamos instando a la Legislatura del Estado de Minnesota a que establezca una normativa estatal que equilibre la privacidad y la seguridad pública”, indicaron Her y Henry. Mientras se desarrolla esa discusión, la ciudad procederá con el retiro de sus dos cámaras.
La decisión no significa necesariamente un rechazo absoluto a la tecnología de vigilancia. Por el contrario, la administración municipal deja abierta la posibilidad de utilizar herramientas tecnológicas en el futuro, pero bajo reglas que definan claramente su utilización y el manejo de la información.
“Nos comprometemos a proteger los datos de nuestros residentes, a ser transparentes sobre cómo se utiliza esta tecnología y a garantizar que generemos confianza a medida que exploramos herramientas modernas que puedan ayudar a mantener segura a nuestra comunidad”, expresa la declaración.
El caso de Saint Paul refleja una discusión más amplia que se está desarrollando en Minnesota. Algunas ciudades consideran que las cámaras ofrecen información valiosa para resolver delitos, mientras que otras han optado por cancelar contratos, apagar cámaras o revisar sus políticas de acceso a los datos.
El punto central del debate no es únicamente si las cámaras ayudan a la policía. También se trata de establecer qué información puede recopilarse, cuánto tiempo puede conservarse, quién puede consultarla y bajo qué circunstancias puede compartirse con otras agencias.
Para Minnesota, la discusión plantea además una cuestión sobre el papel de los gobiernos locales frente a una tecnología que puede operar a través de múltiples jurisdicciones. Una cámara instalada para proteger un vecindario puede generar información que posteriormente sea consultada desde otra ciudad, otro estado o incluso por autoridades federales.
La decisión de Saint Paul podría aumentar la presión sobre la Legislatura estatal para establecer un marco común. Mientras tanto, el debate continuará entre quienes consideran que Flock es una herramienta moderna de seguridad y quienes creen que, sin límites claros, puede convertirse en una infraestructura de vigilancia demasiado amplia.
Para las autoridades de Saint Paul, el desafío será encontrar ese equilibrio: utilizar tecnología que pueda ayudar a mantener segura a la comunidad sin sacrificar la privacidad y la confianza de sus residentes.




















