
MINNEAPOLIS, MN
Este Viernes 12 de Diciembre, Instituto de Arte de Minneapolis (Mia) abrió sus puertas a la comunidad para una velada profundamente significativa que celebró el arte, la historia y la identidad cultural de México, reafirmando el compromiso del museo con la inclusión y el diálogo comunitario. La Celebración y Recepción Comunitaria José María Velasco y la Virgen de Guadalupe reunió a familias, líderes comunitarios, artistas y amantes del arte en un ambiente familiar, de orgullo y pertenencia.
El evento se realizó en el Salón de recepciones del museo y las galerías 332–334, y fue organizado en colaboración con el Consulado de México, el Consejo de Asuntos Latinos de Minnesota (MCLA) y la Oficina de Equidad y Diversidad de la Universidad de Minnesota.
Desde el inicio, los discursos de bienvenida reflejaron el entusiasmo de los líderes del MIA por recibir a la comunidad latina y por compartir una primicia histórica: la incorporación a la colección permanente del museo de una pintura del siglo XVII que representa a la Virgen de Guadalupe, creada en el círculo del artista mexicano Manuel de Arellano y traída desde España.
Esta obra, cargada de simbolismo espiritual y cultural, fue presentada como un puente vivo entre el museo y la comunidad latina, reconociendo a la Virgen de Guadalupe como un poderoso emblema de fe, resiliencia e identidad que trasciende generaciones y fronteras.
La celebración también honró la exposición “José María Velasco: Una Mirada a México”, dedicada a uno de los paisajistas más importantes de la historia del arte mexicano, cuya obra captura la grandeza natural del país y su profunda relación con la identidad nacional. Los asistentes tuvieron la oportunidad de recorrer la muestra y dialogar sobre su relevancia histórica y contemporánea.
La noche se enriqueció con una vibrante programación cultural, que incluyó presentaciones de Kalpulli Quetzal Coatlicue y del Ballet Folklórico México Azteca, así como una exquisita oferta gastronómica con bocadillos venezolanos, tamales mexicanos, aguas frescas de horchata y otras bebidas tradicionales.
Más que una recepción, el evento se vivió como un encuentro comunitario donde el arte sirvió como lenguaje común para celebrar raíces, fortalecer lazos y reafirmar que los museos también son espacios de pertenencia para todas y todos. Una noche que dejó claro que la cultura, cuando se comparte, une y transforma.















