
MINNEAPOLIS, MN
Los Minnesota Timberwolves venían en un buen momento, pero sufrieron un golpe anoche que pone en evidencia sus altibajos. En un partido dramático contra los Phoenix Suns, los Wolves estuvieron arriba hasta el final, pero perdieron 114–113 tras una jugada decisiva en los últimos segundos.
Minnesota tenía una ventaja de ocho puntos en el último minuto, pero se vino abajo. Cometieron tres pérdidas de balón en apenas 27 segundos, y Anthony Edwards falló dos tiros libres clave cuando quedaban solo 12,7 segundos. Eso le dio la oportunidad a Phoenix de dar el golpe final: Collin Gillespie anotó un salto decisivo a 6,4 segundos del final para dar a los Suns la victoria.
A lo largo del partido, los Timberwolves protagonizaron una gran remontada. Habían llegado a perder por 15 en el descanso, pero Edwards, con 41 puntos —una vez más el motor ofensivo del equipo—, lideró la reacción durante el tercer cuarto y logró que Minnesota pasara al frente para encarar el cierre con esperanzas.
El técnico de los Wolves, Chris Finch, no ocultó su frustración tras el partido: “Perdimos la cabeza. Mala ejecución, rotaciones… simplemente no nos enfocamos lo suficiente en los últimos segundos”, dijo en la rueda de prensa. Esa desconcentración final puede ser un síntoma de que, pese al talento, al equipo le falta madurez en momentos clave.
Este tropiezo pesa más porque reafirma una tendencia preocupante: los Timberwolves parecen tener dificultades cuando enfrentan a rivales fuertes. Según reportes recientes, todavía no han conseguido vencer a equipos con récord ganador, lo que podría minar sus aspiraciones si no corrigen el rumbo.
En resumen: Minnesota mostró con creces su potencial, pero también puso sobre la mesa sus fragilidades. Si quieren convertirse en contendientes reales, este tipo de derrotas será un lujo que no pueden permitirse muy seguido.

















