
ST. CLOUD, MN
Nicole Mitchell, ex-senadora estatal de Minnesota y figura destacada del Partido Demócrata-Campesino-Laborista (DFL), ha sido condenada a seis meses de cárcel tras ser declarada culpable de robo en primer grado y posesión de herramientas de robo. El caso, que ha atraído la atención estatal durante más de un año, se centra en un allanamiento ocurrido en abril de 2024 en la casa de su madrastra, de quien estaba distanciada, en Detroit Lakes.
Según los registros judiciales, Mitchell entró en la residencia a altas horas de la noche, supuestamente buscando objetos de valor sentimental de su difunto padre. Las autoridades informaron que la encontraron dentro de la vivienda con artículos como una linterna y guantes, herramientas que, según la fiscalía, indicaban una intención premeditada. El incidente pasó rápidamente de ser una disputa familiar privada a un caso penal público con consecuencias políticas.
Un jurado del condado de Becker declaró a Mitchell culpable en julio de 2025. En su sentencia, el 23 de septiembre, el juez Michael Fritz le impuso una pena de 180 días de prisión, que deberá cumplir en libertad condicional en el condado de Ramsey a partir del 1 de octubre. Según la ley de Minnesota, Mitchell debe cumplir al menos dos tercios de la condena (aproximadamente cuatro meses) antes de acceder a la libertad supervisada. También se enfrentará a cinco años de libertad condicional, y una pena de prisión más larga, de 21 meses, se mantendrá en suspenso mientras cumpla con las condiciones establecidas por el tribunal.
La caída de Mitchell de su cargo público fue rápida. Poco después del fallo del jurado, anunció su renuncia al Senado de Minnesota, con efecto a partir del 25 de julio de 2025, alegando que ya no podía servir eficazmente a sus electores mientras apelaba el veredicto. Su salida desencadenó elecciones especiales en su distrito, lo que redujo la escasa mayoría del DFL en el Capitolio estatal.
La ex-legisladora, quien también se desempeñó como meteoróloga y oficial de la Guardia Nacional Aérea, se había forjado una reputación de compromiso comunitario y defensa del medio ambiente antes del escándalo. Sus partidarios la describieron como una servidora pública dedicada, mientras que sus críticos destacaron las contradicciones entre su imagen pública y la conducta criminal presentada en el juicio.
Mitchell ha mantenido que sus acciones se basaron en un dolor personal y no en intenciones criminales, insistiendo en que nunca tuvo la intención de causar daño. Su equipo legal ha confirmado sus planes de apelar la condena, un proceso que podría extenderse hasta bien entrado el próximo año.
Por ahora, el caso de Mitchell es un duro recordatorio de cómo las luchas personales pueden extenderse a la vida pública, alterando carreras políticas y reestructurando la confianza comunitaria. Mientras se prepara para cumplir su sentencia, el debate sobre la justicia, la rendición de cuentas y la compasión en su caso continúa en todo Minnesota.















