
MINNEAPOLIS, MN
La nueva temporada de los Minnesota Timberwolves comenzó como un partido de ajedrez sobre una pista en movimiento. Ha habido equilibrio, momentos de lucidez, algo de nervios y una buena dosis de esperanza. Con dos victorias y una derrota en la primera semana, el equipo dejó claro que la base para una campaña exitosa está presente, aunque todavía requiere ajustes.
El estreno en Portland permitió ver de qué está hecho este equipo. Anthony Edwards se vistió de superestrella con 41 puntos, comandando una remontada que llenó de energía a los fanáticos y envió un mensaje al resto de la liga: los Wolves quieren más, y están listos para pelear. Fue un triunfo sufrido, pero con carácter. Justo lo que se necesita en los primeros pasos de una larga temporada.
La derrota ante Los Ángeles fue el trago amargo del arranque.
Los Timberwolves fueron superados con claridad, especialmente en el costado defensivo, donde las distracciones se pagaron caro ante uno de los rivales más pesados del Oeste. Ese resultado puso los pies del equipo de vuelta en la tierra y recordó que la consistencia será la clave si quieren mantenerse entre los contendientes.
Pero Minnesota respondió. En el duelo de apertura en casa frente a Indiana, Edwards debió salir del encuentro por molestias en el tendón de la corva y, pese al sobresalto, aparecieron nuevas manos para sostener al equipo. Julius Randle tomó la batuta ofensiva con más de 30 puntos y Rudy Gobert dominó los tableros con autoridad. Ganar sin la máxima figura no solo construye confianza, también revela un equipo más maduro y profundo.
El comienzo ha tenido de todo: brillo, caídas, sustos y mucho corazón.
Ese tipo de semanas forjan identidad. Si la salud acompaña a Edwards y el equipo logra afinar su defensa ante rivales de peso, los Timberwolves tienen herramientas para una temporada memorable. Las próximas semanas marcarán la pauta: continuidad en las victorias, cerrar partidos con mayor comodidad y fortalecer la química en un roster que ya demostró que tiene talento de sobra.
Así, entre luces y sombras, Minnesota inicia su camino con la firme sensación de que lo mejor todavía está por llegar. El lobo ha despertado. Y esta vez, parece que tiene hambre de verdad.
















