
SAINT PAUL, MN. Por Boris González Ceja
De un momento a otro nos encontramos todos conectados pero solos: las redes sociales están transformando nuestra salud mental en la búsqueda desesperada de autenticidad, dejandonos con un vacio inmenso, para algunos sin regreso.
La paradoja que tenemos ahora es seguir enviciados por el celular, que nos pertece como pocas cosas en el mundo, y que traemos pegado a nosotros como si se tratara de un órgano de nuestro cuerpo, a costa de perder lo más rico en la vida humana: el encuentro con otros.
Algunos datos curiosos:
- 75% de los mexicanos vive en redes sociales diariamente (y no les importa relacionarse con los demás).
- Son cerca de 4 horas promedio al día (y algunos despiertan y duermen así) que los jóvenes pasan en pantallas, sin compañía ni palabras con adultos.
- 35% de adolescentes mexicanos experimentan depresión vinculada a redes sociales, es decir, una desconexión emocional fuerte y latente, sin servicios de salud que tengan capacidad para atender esa avalancha.
El primer mes, ya por terminar, del año 2026, marca un punto de inflexión en la conversación sobre salud mental en México, ya que estamos exigidos a revisar el uso de celulares entre adultos para ver hasta donde somos capaces de comunicarnos unos con otros, y con los niños buscar medidas más restrictivas y más actividades deportivas e inteligentes para ellas y ellos.
Mientras 100 millones de mexicanos navegan diariamente en un mar digital de comparaciones y validaciones instantáneas, emerge una tendencia que paradójicamente nace del hartazgo: la autenticidad emocional.
Los datos son contundentes y preocupantes. Estudios recientes revelan que el 70% de los usuarios mexicanos revisa su celular antes de dormir, alimentando un ciclo de ansiedad y trastornos del sueño. La UNAM documenta que más de un tercio de los adolescentes experimenta síntomas depresivos directamente relacionados con su consumo digital.
Pero 2026 trae un cambio de rumbo. Los expertos coincidimos: la tendencia más comentada en redes sociales es, irónicamente, salir de ellas. El movimiento del “descanso digital” y la “reconexión humana” domina las conversaciones psicológicas en plataformas que, hace apenas un año, celebraban la hiperconectividad.
Si este año las autoridades de México y de los propios hogares no hacen nada por limitar el uso de los celulares por parte de niños, seguira profundizando la miseria de las comunidades, que ninguna beca del bienestar va a poder pagar.
La propuesta resuena en millones de mexicanos: límites saludables, autocuidado genuino, y tiempo de calidad fuera de las pantallas. No se trata de demonizar la tecnología, sino de recuperar el control sobre cómo nos relacionamos con ella.
La paradoja es evidente: mientras las redes sociales nos prometieron conexión infinita, nos dejaron con una epidemia de soledad. Ahora, la generación que creció con la abusiva Facebook, Instagram o TikTok, busca desesperadamente algo que los algoritmos nunca podrán ofrecer: autenticidad sin filtros, presencia sin notificaciones, y vínculos sin validación digital.
México enfrenta una decisión crucial. ¿Continuaremos permitiendo que la dopamina artificial del “like” dicte nuestro bienestar emocional? ¿O construiremos políticas públicas que protejan la salud mental de las nuevas generaciones? La respuesta podría determinar el futuro psicológico de millones.
La falta de una Ley de Salud Mental habla justamente de este problema, que es una pandemia sin rumbo; la falta de legisladores reales en vez de migajeros de la política, nos lleva a posicionar a los mejores candidatos para el próximo proceso electoral, si no queremos seguir manteniendo sanguijuelas sociales.
Porque al final del día, la verdadera conexión no se mide en seguidores, sino en encuentros reales. Y la salud mental no se conquista con más contenido, sino con más consciencia.
Recuperar la vida comunitaria, a partir de lo poco que nos queda, hará que tengamos calles en las que los cafres en auto, los narcos vulgares, los politiquillos de 5ª, no sigan siendo los héroes contemporáneos.
Causas y azares…
- La ineptitud de las autoridades de la Secretaría de Salud y del IMSS Bienestar está afectando la vida de miles de personas. Es lamentable que las malas administraciones, como nunca lo habiamos visto, amenacen con que van a dejar sin salario a miles de trabajadores de la salud. Haber que hacen los sindicatos.
- Esta semana me dejó sorprendido el nivel de vileza, bajeza e inmundicia de muchos hijos que tienen abandonados a sus padres ancianos. Que la vida les paguen sus acciones con esas personas.
- Camionetas de 1.7 millones de pesos compradas con recursos públicos por la Nueva Corte (del acordeon, le dicen); una mentada de madre cuando eso vale una casa nueva de 3 pisos, que se tiene que pagar en 30 años.
Hasta la próxima, que la mente es un desorden de posibilidades.
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