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REVIEW: PAUL MCCARTNEY DERROCHA ENERGÍA, HUMOR Y ESPERANZA EN MINNEAPOLIS

Paul McCartney derrocha energía, humor y esperanza en Minneapolis

MINNEAPOLIS, MN

Minneapolis vivió ayer una tarde mágica con la visita de Paul McCartney, quien llegó a la ciudad como parte de su gira “Get Back”. A sus 83 años, el legendario ex Beatle demostró que la historia del rock sigue viva cuando se interpreta con el corazón.

Desde los primeros acordes de “Help!”, el público entendió que no asistía solo a un concierto, sino a un recorrido emocional por más de seis décadas de música y recuerdos. Temas como “Coming Up,” “Got to Get You into My Life” y “Drive My Car” marcaron el inicio de un viaje que alternó la energía vibrante de los Beatles con momentos de profunda nostalgia.

McCartney, simpático, bromista y siempre encantador, se mostró cuidadoso en el manejo de su energía, pero generoso en emociones.

A lo largo del espectáculo rindió homenaje a sus grandes compañeros de vida y música —Hendrix, Harrison, Lennon, Starr, e incluso un guiño al querido Prince, ícono local— con proyecciones, videos y evocadores fragmentos en pantalla. Cada tributo fue recibido con respeto y emoción por una audiencia que reconoció el peso histórico de lo que presenciaba.

Hubo instantes de intimidad, como cuando Paul, al piano, interpretó “Maybe I’m Amazed,” “Let It Be,” “Ob-La-Di, Ob-La-Da” y “Hey Jude”, haciendo cantar a todo el recinto en un coro unánime. La nostalgia se transformó luego en pura adrenalina con el estallido de luces y pirotecnia de “Live and Let Die,” uno de los momentos más espectaculares de la noche.

El músico británico aprovechó también para presentar su más reciente sencillo, lanzado apenas hace unas semanas, demostrando que su creatividad no conoce fecha de caducidad. Entre anécdotas, risas y un par de historias sobre sus años en Liverpool, McCartney conversó con el público, mencionando varias veces a Minneapolis y conectando con una audiencia que, si bien más contenida que en otras épocas, seguía profundamente conmovida.

Más allá de la música, Paul trajo consigo un espíritu de unidad, comunidad y esperanza. Su presencia reunió a distintas generaciones que, por unas horas, compartieron la misma emoción y gratitud por la banda sonora de sus vidas.

Ver a Paul McCartney en vivo —a “precio accesible y cerca de casa”, como muchos comentaban— fue para miles una oportunidad única. Más que un concierto, fue una celebración de la vida, la música y la memoria colectiva, un recordatorio de que algunos artistas no solo marcan generaciones: las trascienden.



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