
MINNEAPOLIS, MN
En todo Estados Unidos, el segundo lunes de octubre sigue representando dos conmemoraciones muy diferentes: el Día de Colón a nivel federal y el Día de los Pueblos Indígenas en muchos estados y comunidades, incluyendo Minnesota. Este contraste pone de relieve una conversación nacional en curso sobre la historia, la identidad y las narrativas que elegimos honrar.
Durante décadas, el Columbus Day se ha celebrado como un feriado federal que conmemora la llegada de Cristóbal Colón a las Américas en 1492, considerado durante mucho tiempo un símbolo de exploración y descubrimiento. Sin embargo, para los pueblos indígenas, este mismo evento marca el inicio de siglos de colonización, desplazamiento y borrado cultural. La iniciativa para renombrar o reemplazar el Columbus Day por el Día de los Pueblos Indígenas busca recuperar la narrativa y honrar a los habitantes originales de la tierra y sus contribuciones perdurables.
Minnesota reconoció oficialmente el Día de los Pueblos Indígenas en 2016 , siguiendo el ejemplo de varias ciudades que ya lo habían hecho, como Minneapolis y St. Paul. Para un estado con once naciones tribales soberanas, entre ellas los pueblos dakota y ojibwa, esta celebración representa más que un cambio simbólico. Es un día para la educación, la reflexión y la celebración de la resiliencia, la lengua y la cultura indígenas.
Ceremonias, reuniones comunitarias y eventos públicos en todo el estado se centran en honrar las tradiciones indígenas y difundir las voces indígenas contemporáneas. Muchas escuelas y organizaciones aprovechan la oportunidad para debatir la importancia de una comprensión histórica precisa y el respeto a la soberanía.
Al mismo tiempo, la designación federal del Columbus Day se mantiene vigente, lo que significa que muchas oficinas gubernamentales e instituciones financieras permanecen cerradas bajo ese nombre. La coexistencia de estas festividades refleja una tensión estadounidense más amplia: entre un legado arraigado en narrativas eurocéntricas de descubrimiento y una creciente conciencia de las historias indígenas que anteceden a la propia nación.
En Minnesota, esa dualidad es visible, pero está en constante evolución. Cada vez más instituciones están adaptando su lenguaje y celebraciones hacia la inclusión y el reconocimiento de la profunda y continua relación de los pueblos indígenas con esta tierra. Para muchos minnesotanos, hoy no se trata solo de cambiar el nombre de una festividad, sino de repensar la historia y reconocer las voces que con demasiada frecuencia se han dejado de lado.
















